Desarrollo Evolutivo

Tu paz interior comenzará el día que no permitas que te manejen

Nuestra paz interior comienza en el mismo día en el que no permitimos que nos manejen. Es ahí cuando nuestras emociones no pueden ser manipuladas en base a creencias insanas y exigencias ajenas.
Esa sensación de paz es el fiel reflejo de que hemos tomado una decisión correcta. Ese es el signo más evidente, gracias al cual tendremos la garantía de mantener un equilibrio mental y físico. Así, lo que debemos pretender es manejar las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos. Evitar las reacciones ante las ofendas y las alabanzas, para no pecar de coléricos ni de vanidosos. Cuando vivimos sometidos a lo que otros esperan o buscan en nosotros, estamos priorizando las opciones de los demás y no escuchando lo que verdaderamente nosotros necesitamos.

Por eso es esencial que nosotros tomemos nuestras propias decisiones, pues solo ese salto al vacío puede llenarnos de paz y generar grandes dosis de valentía, responsabilidad y bienestar emocional.
“He de tener serenidad para aceptar las cosas que yo no puedo cambiar, valentía y entusiasmo para poder cambiar las que sí puedo, y la sabiduría necesaria para distinguir entre lo que puedo y lo que no puedo cambiar”. -Reinhold Niebuhr-

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Ríe y sé feliz. 10 consejos para reir plenamente

“No reímos porque somos felices, sino que somos felices porque reímos”. W. James

Risa y felicidad
¿Sabías que en nuestro cuerpo se encuentran los mecanismos más asombrosos capaces de hacernos verdaderamente felices?
Posiblemente muchos de nosotros, en más de una ocasión, hemos podido comprobar como la risa nos hace olvidar los problemas, las preocupaciones y recuperar la alegría de vivir. Y si esa risa ha sido “bien reída”, además nos habrá ayudado a encarar situaciones adversas con mayor optimismo, creatividad, eficacia y valentía.

 

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Competir o colaborar


La naturaleza está llena de ejemplos de rivalidad entre los seres vivos, pero también de cooperación
En sus primeros argumentos, el darwinismo conjugaba el verbo competir con cierto entusiasmo, pero hoy sabemos que la evolución no solo funciona a golpe de feroces competencias sino también de sofisticadas cooperaciones. La competencia afila las armas, apura los límites, traza fronteras, inventa tácticas, pero deja la cuneta del camino plagada de víctimas.

La cooperación, en cambio, inventa nuevas armas, aleja los antiguos límites, difumina fronteras y explora estrategias innovadoras, aunque, eso también, al alto precio de sacrificar alguna identidad ancestral. La siguiente pregunta es: ¿qué ha pesado más en los más de 3.000 millones de años de evolución, la competencia o la colaboración? La competencia, se diría, precede a la cooperación, pero a la larga la segunda es más estable, eficaz y sostenible que la primera.

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¿Por qué lo terminamos haciendo todo a última hora? La Ley de Parkinson

Cyril Northcote Parkinson fue un historiador inglés que trabajó durante muchos años en el Servicio Civil Británico. La experiencia que acopió a lo largo de su labor le permitió publicar en 1957 un libro que llevaba por título “La ley de Parkinson y otros estudios de administración”. En este tratado formuló su famosa ley que, en realidad, no es una sola sino varias.

Parkinson observó con cuidado la forma en la que se desarrollaba el trabajo en las dependencias del Estado. Con base en su experiencia cotidiana, logró encontrar patrones que le permitieron postular sus principios básicos. La Ley de Parkinson puede resumirse en tres postulados fundamentales:

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El poder de los prejuicios

El cerebro es una máquina extraordinaria que, sin embargo, no viene totalmente afinada a prueba de prejuicios. De hecho, se vale de los prejuicios para que su funcionamiento en términos de gasto de energía sea más económico.

Aunque todavía conocemos poco acerca de la forma como opera este maravilloso órgano, lo que sí ha podido comprobarse es que tiende a realizar sus procesos de pensamiento a veces de manera un tanto grueso o, como se diría coloquialmente, chapucera.

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