Vida Prenatal: Sensibilidad y Conciencia tomando forma - Por Christian Vera

Vida Prenatal: Sensibilidad y Conciencia tomando forma - Por Christian Vera

Cuando la ciencia nos habla del peso irrefutable de la evidencia lo hace desde un dominio racional, el que se nos presenta como la vía de acceso a una única realidad objetiva. Lo curioso es que a pesar de su sello objetivista pasa totalmente por alto que en toda investigación científica hay alguien observando y construyendo explicaciones, y esto el investigador lo hace desde sí mismo y por tanto desde un dominio emocional particular. Por tal motivo, antes de aceptar cualquier argumento es importante conocer desde donde se está hablando y cuál es la visión de persona, mundo y realidad que está a la base de su discurso. ¿La realidad fluye de forma independiente del observador?, ¿hay realidad sin observador? Son preguntas básicas que nos hablan del lugar que ocuparemos en la explicación de los fenómenos que vemos y vivimos.

Fuente: www.portaldelembarazo.com

Entonces cuando nos acercamos a los planteamientos que buscan definir cuando el feto humano puede considerarse persona, encontramos frecuentemente un discurso basado en la premisa científica que supone que el embrión se encuentra en una especie de estadio prehumano por no existir evidencias de un “yo funcional”. Por otro lado, también es común encontrarse con la noción valórica de que el feto es la expresión más íntima de la vida misma, como indicando una aceptación por la vía del dogma. Somos testigos de que ambas posturas no se encuentran sino que se observan con desconfianza desde veredas opuestas, y no parecen ayudarnos a rescatar una comprensión que resulte inclusiva, práctica y respetuosa.

No es extraño que mientras la postura religiosa reclute adeptos por la vía de una comprensión moral, mayor o menormente fundamentada en la razón, desde la ciencia se busque la evidencia concreta y tangible que de cuenta de la vida uterina como tal, entendiendo por vida el registro de actividad biológica o física observable y medible, de modo que para el público más racional parece ser esta última, la más fácilmente aceptada y fundamentada, lo que resulta natural si consideramos que nuestra conciencia occidental ha estado bastante condicionada a pensar en esos términos, cultivando un enfoque esencialmente racional que ha dejado de atender variables y/o fenómenos que escapan de las fronteras de lo técnicamente tangible y cuantificable.

Hasta aquí hemos hablado de la ciencia clásica, sin embargo desde hace algunas décadas una parte importante de esta, ha ido evolucionando y revolucionando hacia paradigmas más comprensivos e integradores, que hoy permiten observar en distintos campos científicos un punto de vista más sinérgico, apertura que ha llevado a derribar supuestos propios de la visión materialista, para integrar visiones más complejas que dan cuenta de una vasta realidad multidimensional. Es así, que hoy contamos con un marco comprensivo muchísimo más integrador que hace 40, 30 ó 15 años atrás.

Si aplicamos algunas de las actualizaciones de los “nuevos” paradigmas científicos (que por lo demás ya llevan varias décadas entre nosotros) al ámbito del desarrollo humano, tendríamos que recoger aportes que han florecido en disciplinas tales como la física cuántica, la biología; a través de las neurociencias, lapsiconeuroinmunoendocrinología, la epigenética, la epidemiología, la embriología, o la psicología evolutiva y la psicología pre y perinatal, entre tantas otras, que a su vez han abierto la posibilidad de generar nuevos enfoques y modelos en áreas como tecnología, salud, educación, etc.

El conjunto de estas disciplinas y ramas científicas cuentan con una visión de la realidad y del ser humano que desemboca en un terreno común al reconocer a escala humana, un nivel de integración entre mente, emoción y cuerpo. Mientras que otras, abren su mirada al reconocimiento de un universo constituido por una multitud de dimensiones, en donde la expresión de lo físico o tangible es tan solo un peldaño de una realidad muchísimo más vasta, aunque estrechamente relacionada e interconectada; en un continuo energético expresado a través de lo biológico, lo emocional, lo mental y lo conciente o espiritual.

Entonces uno se pregunta ¿por qué ha costado tanto incorporar estas actualizaciones científicas a los planteamientos acerca de los procesos de la vida y por qué gran cantidad de profesionales siguen pregonando los supuestos de la “vieja ciencia” con el mismo entusiasmo que en el 1900?

En el ámbito del debate del comienzo de la vida entonces, tenemos una visión derivada del paradigma clásico de las ciencias, en donde efectivamente se tiene una comprensión del feto como un proyecto de ser humano, algo que será en algún minuto humano y otra visión actualizada -aunque mucho menos conocida- en donde se reconoce al embrión como un ser con conciencia.

Esto de que el embrión posea conciencia no resulta de una simple divagación teórica sino que surge de la convergencia interdisciplinaria que hoy replantea la comprensión del ser humano y de la realidad, expresándose a través de nuevas ramas científicas como la psicología prenatal, que mediante diversas vías metodológicas ha comprobado que el bebé en gestación no es un organismo pasivo que crece indiferente durante su estadía intrauterina, sino que lejos de ello, se orienta activamente -a partir de una gran sensibilidad psicobiológica- a la organización corporaly la de sus bases emocionales, por tanto, la existencia embrionaria en palabras del embriólogo holandés Jaap van der Wal es un tipo de existencia silenciosa y fundamentalmente introvertida. La idea de que un embrión aún no está haciendo nada y no está actuando es un gran malentendido y una desvalorización. Lo que ocurre es que su acción está dirigida hacia sí mismo, hacia dentro de sí, donde a nivel primario se establece ya una huella deun sentido de identidad emocional, preverbal y básica.

Un ser humano se manifiesta intrauterinamente en palabras de Jaap van der Wal mediante gestos de crecimiento y movimientos morfológicos; después, mediante procesos fisiológicos; finalmente, mediante comportamientos y gestos psicológicos, si presenta por ende grave incapacidad biológica para organizarse desde lo morfológico viéndose imposibilitado para sobrevivir en el medio extrauterino, entonces su no viabilidad no está en discusión y la sociedad debe proveer de las opciones para que los padres elijan qué hacer.

La nueva ciencia reconoce como seres con conciencia a los bebés intrauterinos, una conciencia que incluye pero que va más allá del desarrollo psicobiológico del que hablamos en el párrafo anterior, reconociendo a un bebé que necesita el contacto y del reconocimiento de su madre y padre, busca ser reconocido como un ser vivo, y a partir de la capacidad de respuesta que su entorno le brinde formará y asimilará tempranamente creencias, patrones mentales y puntos de vista sobre sí mismo y la vida, y como tal este proceso vital es uno de los más grandes escenarios de formación y desarrollo del ser humano, que actualmente por falta de conocimiento y actualización científica se desperdicia en la sobreatención del nivel físico/biológico y la conocida sobremedicalización de los procesos del embarazo y parto.

Entonces, el elemento central a la luz de esta actualización debiera traducirse en un esfuerzo por brindar a los seres humanos, espacios nutritivos desde la etapa gestacional para que se constituyan en personas reconocidas y atendidas en la integralidad de sus necesidades, esto definirá lo que ello/as sentirán de sí mismas/os desde el primer momento y por tanto el mundo que serán capaces de desplegar.

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