Miércoles Abr 24

La hora de comer como una oportunidad para ser más conscientes

He conocido muchas personas que tienen la costumbre de hacer otras cosas mientras comen. Algunos ven televisión, otros leen el diario o una revista, mientras que otros están atentos a su teléfono móvil, sin prestar atención. Muchos hablan de la “multitarea” y de que el tiempo es escaso. Tal vez lo escaso es nuestra atención consciente sobre nuestros actos cotidianos.

Hace tiempo he cambiado paulatinamente mi estilo de vida, tomando inicialmente como modelo el movimiento “slow life”, donde uno de sus pilares es la atención consciente cuando uno come. Parece algo sencillo y sin mucha trascendencia, pero cuando uno va sumando pequeños momentos donde uno realmente se concentra en lo que come, su textura, su sabor, la consistencia, el aroma, o la temperatura; el acto de comer deja de ser una actividad mecánica, de simplemente “tragar rápido” y se transforma en una suerte de meditación activa.

Y no solo tiene que ver con una postura de vida. Comer -enfocándose en comer- tiene un beneficio directo a la salud. Por una parte, implica masticar más los alimentos, lo que significa, que llegan predigeridos al estómago, facilitando enormemente la digestión y la absorción de nutrientes. Pero además, nos ayudan a ser más conscientes de qué comemos y cuánto comemos.

Si prestas atención, al menos a unos cuantos bocados de comida, progresivamente irá disminuyendo la ansiedad por comer, reduciendo las cantidades. A veces estamos tan absortos en actividades que no tienen precisamente que ver con comer, que no nos damos cuenta cuando ya estamos satisfechos. No es extraño que después se produzca una sensación de adormecimiento, y pesadez después de almorzar. Por lo demás, este puede ser el punto de partida para controlar el sobrepeso.

El principal argumento contra esto es: no tengo tiempo para comer. Pero no tener tiempo para comer, es como decir no tengo tiempo para vivir. No es un problema de tiempo, es un problema de enfoque. Se trata de iniciar cambios de hábito muy pequeños que, como una bola de nieve, van creando nuevos hábitos que complementan a otros.

En mi familia partimos por tomar desayunos sin televisión, noticias, o radio. Solo nosotros. Al principio es chocante, y de hecho, algunos días, sin pensarlo, estábamos con el televisor de fondo. Como seguramente habrás descubierto, enterrar un viejo hábito no es tarea sencilla. Tal vez descubras que el tiempo que tomas para comer conscientemente no es tanto como imaginaste, y que los minutos que desperdicias tratando de salir del letargo por comer rápido, o la falta de concentración por saltarte el desayuno o almuerzo, son a la larga, mucho más costosos.

Lo mejor es ir paso a paso. Yo descubrí un día que me sentía agradecida por tener comida en mi mesa. Y ese solo pensamiento, puede cambiar tu día y tu vida.

Fuente: Alejandra Cereceda - Editora Portal http://verdealegria.com/

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