¿Qué nos está pasando?

¿Qué nos está pasando?

En la prensa notamos animosidad. Los titulares son virulentos, muchas veces imprecisos respecto del contenido de la información, con una inclinación a exagerar. Las posiciones de unos y otros parecen odiosas, pues no se fundamentan en visiones ideológicas sino en la defensa de intereses o de posiciones, con pasión desmedida y nula tolerancia frente a la discrepancia, el fracaso. Todo es visto como agresión o intento de desacreditar al otro. De lado y lado, con un tono de desprecio y de molestia que no se condice con la realidad de lo que sucede. Hace ya tiempo que he dicho que me inquieta que el principal programa político de la televisión chilena se llame “Tolerancia Cero”. Ello indica un ánimo particular de no aceptar las posiciones de los demás. La intolerancia es elevada a la categoría de virtud.

Fuente: www.revistasomos.cl

 

Claro que si observamos a los dirigentes políticos veremos actitudes similares. La descalificación constante, no sólo del adversario sino del propio aliado, como si fuera preciso afirmar la identidad sobre la base de la destrucción del otro. La controversia por cualquier minucia, la opinión liviana, el genio agitado, la palabra dura sin mayores explicaciones.

Entre los medios de comunicación y los políticos se retroalimentan, pues unos destacan los exabruptos de los segundos y éstos saben que así ganan titulares. Es más sencillo discrepar que apoyar: así lo entendió un senador recién designado por la DC, quien advierte en sus primeras declaraciones, no que apoyará a su gobierno, que luchará por sus ideas, que contribuirá a la mejoría de la política, sino que no está de acuerdo con la reforma tributaria, que no le gusta el proyecto tal o cual y deja en claro que sus aliados deben verlo con distancia. Repito: la identidad se marca al oponerse. El “no” suena más que el “sí”.

En las noticias se pone más énfasis en lo que produce mayor escándalo que en la búsqueda de las verdades. Se me viene a la mente el caso de esas niñas cuyos hijos recién nacidos fueron dados en adopción como resultado de una gestión para evitar el aborto. Pues los padres de la muchacha no querían que su hija fuera madre soltera. Entonces, un sacerdote intervino para buscar hogar (adopción irregular) a ese hijo no deseado y que se había salvado del aborto. La crítica se va contra el sacerdote – que puede haber cometido errores, pero actuaba de buena fe – y no contra los padres de la embarazada que promovían un aborto o no tuvieron la tolerancia, el amor y el respeto que su hija embarazada podía merecer.

Y si vemos otros programas de televisión, podemos observar que es fácil el denuesto o el discurso agresivo con información distorsionada. He participado en alguno y no puedo sentirme cómodo ni tranquilo con eso. Hablar por hablar, simplemente, destacar de cualquier modo, hacerse notar por el comentario de lo que el otro hace mal que por lo bien de lo propio. Los “pelambres” de la farándula, las mentiras e imprecisiones de algunos comentaristas, las entrevistas intencionadas, revelan ánimos inadecuados para una sociedad que debe ir buscando la concordia y el entendimiento.

Algo parecido sucede con los gremios, los sindicatos, los dirigentes sociales, cuya actitud confrontacional aleja los acuerdos y hace cada vez más difíciles consensuar intereses y necesidades.

En las oficinas de un servicio público hay un letrero que recuerda a los visitantes que está prohibido agredir de palabra o de hecho a los funcionarios. ¿Es que eso sucede? Y en otras oficinas, los empleados no saludan a los visitantes ni tampoco dan instrucciones claras, como si su goce estuviera en el fracaso de la gestión que el otro quiere realizar.

Caminamos por las calles con caras afectadas, un poco enojados o asustados; con ciclistas que creen que son peatones; con peatones que cruzan las calles como si fuesen blindados; con automovilistas que no respetan la velocidad máxima, que no están atentos a las condiciones del tránsito y son poco amables para ceder el paso a quien lo necesita o responden de mal modo cualquier observación o requerimiento.

Susto por los temblores, desidia de las autoridades frente a muchas cosas pendientes de solución, enojos y molestias por doquier.

Hay rabias, a veces contenidas pero que se sienten, otras veces manifiestas. Se incuba violencia. Depresiones y alteraciones del ánimo a la orden día, mucho cáncer, muchas alergias, contaminación ambiental, bencina cara, aún se fuma mucho, se bebe demasiado, cierto desenfreno en las conductas de los jóvenes, falta de compromiso en los hombre entre 30 y 40 años, soledad en las mujeres de esas edades, matrimonios tardíos, hijos a los que les cuenta independizarse.

¿Qué nos está pasando?

Parece que muchos andan enojados, tristes, molestos, irritables e irritados, intolerantes, descontentos. ¿Qué nos está pasando?

Entonces, ya es hora que aquellos que creemos que el amor es el motor de la nueva historia y que los seres humanos somos capaces de entendernos, trabajemos por la paz con energía, por la concordia, asumiendo las opciones y las discrepancias, pero respetando siempre a las personas. No sueño con que todos estemos de acuerdo, sino con que nos respetemos y aceptemos que las ideas nos pueden alejar, pero las soluciones no pasan sólo por la ideología, sino por la voluntad de los seres humanos que buscamos entendernos y acoger al otro, al mismo tiempo que ser acogidos. La tarea es difícil, pero debemos ejecutarla con urgencia, pues de lo contario habrá tiempo de dolerse y arrepentirse.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

ad

¡Unete a Conversando en Positivo!