Doulas: Parir en compañía

Doulas: Parir en compañía

Una doula es una mujer que acompaña a otra mujer durante  su trabajo de parto. La alienta, la ayuda a pasar las contracciones, le hace masajes. Se preocupa de contener a la mamá y a su pareja, de estar a su servicio durante todo el proceso. Pascale Pagola, matrona y además doula, cuenta en qué consiste este acompañamiento amoroso



La vulnerabilidad de las mujeres en trabajo de parto la conmovió cuando era estudiante en práctica de obstetricia, en el Hospital Sótero del Río. “Lo que me chocó fue el maltrato, no entendía por qué las enfermeras las retaban, por qué estaban tan solas. Ahí empecé a cuestionarme los procedimientos médicos y me puse a leer, pero en esa época, a principios de los 90, no había mucho material”, recuerda Pascale Pagola, enfermera matrona titulada de la Universidad Católica. Pero a través de una amiga, la pediatra Verónica Valdés, conoció los estudios de Marshall Klaus, un reconocido neonatólogo e investigador estadounidense que en 1993 fundó, junto a otros doctores, la Asociación de Doulas de Norteamérica (Doulas of North America, DONA). Las investigaciones del doctor Klaus y su equipo fueron realizadas en hospitales públicos de países como Guatemala y Venezuela, entre otros, y tenían por objetivo reducir el número de cesáreas y los gastos farmacéuticos de sus maternidades. Para lograrlo, escogieron a un grupo de mujeres y a cada una le asignaron una mujer en trabajo de parto para que la cuidara y la asistiera durante todo el proceso. Los resultados que obtuvo fueron sorprendentes: disminuyó en un 50% la tasa de cesáreas; se redujeron en un 60% las peticiones de anestesia epidural; en un 30% el uso de fórceps y analgésicos, y en un 40% el de oxitocina artificial. Además, hubo más partos naturales y se acortó el trabajo de parto hasta en 90 minutos. Y los efectos no fueron solo a nivel económico. Bajaron también los cuadros de depresión posparto y aumentó la tasa de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. 

En los trabajos de Klaus, Pascale encontró la orientación precisa que le quería dar a su profesión y, en 2005, viajó a Estados Unidos para hacer un curso de educación prenatal Lamaze, método que permite un parto consciente y sin dolor, a través de técnicas de respiración; y, además, aprovechó de certificarse como doula de parto DONA. Si bien la palabra ‘doula’ tiene origen griego y significa ‘esclava’, en este contexto tiene un sentido de contención física y emocional, que fue usado por primera vez por la antropóloga Dana Raphael, para referirse a las madres que en Filipinas ayudaban a las embarazadas. “En los tres días que duró el taller, renací como matrona, porque ahí me hicieron pensar no como matrona, sino como mujer”, dice. “En la universidad me enseñaron que los partos había que apurarlos porque mientras más guaguas sacabas eras mejor matrona”, cuenta. “Pero después, cuando ves esta forma de trabajar, de no apurar, de darle a una mamá tal seguridad, tal cariño, de escucharla, te empiezas a dar cuenta de que hay que sacar esa imagen de que parir es algo traumático, doloroso y complicado. De que hay que devolverle el parto a la mujer, que hoy es controlado por los médicos”, opina. Según Pascale, la mecanización del parto, sumado a todo lo que se hace para combatir el estrés actual, ha conducido a que muchas mujeres opten por estilos de vida más saludables, decisión que las lleva, tarde o temprano, a cuestionarse cómo se vive el embarazo y la maternidad. “En esos deseos de volver a lo natural, de conectarse con sí mismas, muchas se están informando de los derechos que tienen a la hora del parto, sobre las opciones que hay en los servicios de salud, de cómo funciona su cuerpo en ese momento y de los beneficios de la lactancia”.

Estoy contigo, para ti

En siete años, Pascale ha formado a una veintena de doulas. Las prepara de manera personalizada o en talleres de pocas alumnas, los que duran tres días y tienen un costo de unos 60 mil pesos. “La formación la hago así porque me interesa que vayan conmigo a los partos. Ven lo que ocurre en el momento y aprenden que su misión es acompañar a las parejas de forma incondicional, sea cual sea el tipo de parto, y aunque ellos tomen decisiones con las que quizás no estés de acuerdo”, aclara. En general, la mayor complicación que tienen las doulas son las trabas que les pone el personal de los centros de salud, que, por ejemplo, no las dejen entrar al preparto. “Nuestra mayor dificultad es la resistencia médica y la de mis colegas. No quieren abrirse a esta visión, porque implica cambiar su forma de trabajo. Algunas matronas se sienten pasadas a llevar y a los doctores les incomoda una mujer informada que pide cosas que ellos no acostumbran a hacer. Una doula es absolutamente inofensiva, es barata, segura, y tiene un impacto a nivel de la sociedad”, asegura. 

Cualquier mujer cálida, cariñosa, como una hermana o una amiga, puede ser una doula, según Pascale, y contar con una tampoco es imposible. Existen voluntarias y otras que cobran según lo que pueda pagar la madre. “Más que cumplir algún requisito, las doulas tienen que estar pendientes de decirle a la mamá cosas como ‘lo estás haciendo muy bien’, de ofrecerle masajes, de ayudarla con las posturas para llevar mejor una contracción. Hay muchas que son doulas innatas, como las mamás que les hacen reiki a sus hijas, que ponen música, olores ricos. Y esa es su labor: ‘estoy ahí contigo todo lo que dure el trabajo de parto; estoy para ti’. Las mujeres se sienten tan contenidas, que todo fluye de manera natural”, dice.

Loreto Cortés puede dar fe de eso. Quería tener a su hija Clara -hoy de cinco meses- por parto natural y le pidió a su amiga Macarena Saquel, que fuera su doula. “No sé qué hubiera hecho si ella no hubiera estado. Al principio, cuando las contracciones eran cada media hora, conversábamos en el living de mi casa superrelajadas, y cuando venían, nos íbamos a la pieza donde estaba la pelota de parto, el mat de yoga y el rebozo, que es un trozo de tela rectangular que usan para distintas cosas las mujeres en México, y que usada de cierta forma contribuye a estimular el trabajo de parto”, explica. “Ya en la clínica, las contracciones eran tan fuertes que ni siquiera alcanzaba a agarrarme del rebozo que la Maca tenía colgado en su cuello y quedaba arrodillada, colgada de sus caderas. Me balanceaba de un lado a otro, y ella me seguía el movimiento. También me acuerdo que yo hacía sonidos, como especies de mantras, y la Maca se sumaba a esta voz. Yo estaba en trance, entonces haber tenido las caderas de la Maca para pasar las contracciones finales fueron fundamentales para que el parto saliera como yo quería”.

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